viernes, 17 de diciembre de 2010

Que pena mi vida.

Hace mucho tiempo que no pasaba situaciones de mucha angustia, rabia y ganas de desaparecer. La verdad que fue una suma de situaciones, presiones y discusiones varias que en algún momento mi mente/alma dijo: Hasta aquí no más llegamos!, tomé mis cosas (sin ducharme) y salí de mi casa sin un rumbo claro. Por esas cosas de la vida, una amiga me llama y me invita a ver una película, específicamente “Que pena tu vida”, y eso fue como la guinda de la torta (el destino siempre presente de manera irónica). Acepté feliz dentro de todo. Fue una linda terapia ver esa peli, aunque es un poco superficial y muy humor de típico film “americano”, pero dentro de todo el drama-cómico  sentí algo de conexión con la cinta y por lo demás me reí harto! (que no lo hacía hace ya rato…!) En eso que termina la película, salimos y nos fumamos unos cuaaantos puchos mientras recorrimos sin ningún apuro la costanera hacia arriba y yo obviamente ya de me mejor estado anímico, conversando y pues claro, mi amiga siempre haciendo el esfuerzo de desviar la conversa hacia algo más entretenido, ya que mi obsesión en ese momento era de hablar de toda mi mierda acumulada y que me estaba haciendo cada vez mas mal y que claro… ¡NO! estaba siendo el objetivo por el que me llamó mi amiguita linda! Pobre ella, la dejé con depresión lista pal’ Peral…
De cierta forma en ese momento estaba siendo uso de mi S.O.S  como pacto amistoso y que estaba obligada (mi amiga) a acatar, de lo contrario mi susceptibilidad emocional estaba lista para abrazar al Mapocho.
La verdad es que ese día estaba para que la depre se hiciera presente, amaneció soleado y a medida que avanzaba la tarde comenzó a nublarse, cada vez más y más gris. Corría un viento fuertísimo, típica postal invernal, pero con el gran detalle que era pleno diciembre. Es por eso que mi depresión de ese momento se mantuvo estoicamente esa jornada, afianzada por ese regalo de la naturaleza que me regala – como queriendo decir: dale Jp! Haré este pequeño cambio veraniego para que tu depresión sea más fuerte y así puedas quitarte la vida-, pero fui más inteligente y “creo” que le gané.
Espero que este capítulo en mi vida haya sido el primero y el último. Un pasaje de ida a la Sra. Depre!
 Bye Mrs. Boulshit!

lunes, 13 de diciembre de 2010

Alá

Hace dos días atrás me pasó algo muy extraño y a la vez un poco paranoide de mi parte la verdad. Resulta que me estaba tomando un Frapuccino en el Starbucks (omitiré el lugar exacto porque si)… Ya con el líquido helado en la mano, subo al segundo piso, busco de inmediato una mesa para dos personas, que esté en un rincón y ojalá con el enchufe lo más cerca posible –siempre procuro cuando voy a escribir fuera andar con la batería full- en caso de emergencias. Me instalo, tomo un par de sorbos, abro mi mochila y saco Nieve de Orhan Pamuk,  leo dos capítulos para no sentirme con cargo de conciencia…Y bueno!, ya es hora de terminar mi post y subirlo ASAP. Agarro mi notebook, lo pongo en la mesa y comienzo a escribir las últimas palabras. En eso, cuando estaba  100% inspired, llega un tipo gigante, se sienta en la mesa en frente mío, saca su computador HP, mientras come un sándwich vegetariano con una gula horrorosa que obliga a tomar mi atención… Filo, cuando logro retomar la escritura. Suena su Iphone y comienza hablar out of loud, sin ningún tapujo. Me imaginé por un momento en una mezquita (como en las películas), porque el tipo gritaba en su árabe como si estuviera rogando en plena oración. Pasa un tiempo corto y llega otro tipo con un bolso negro de forma cilíndrica enorme, claramente se conocían y comienzan en su idioma como si ambos sufrieran de hipoacusia, gesticulaban con los brazos (estaban ambos de pies), faltaba poco según mi impresión de llegar a los golpes. ¡Qué onda como se expresan estos tipos!
Admito mi miedo y más aún de ver cómo las demás personas comenzaban a irse con el tremendo signo de interrogación en sus cabezas. No sé porqué quise quedarme ahí, la cosa es que entre miedo y lata de irme comienzo a “tratar” de escribir.
Estos tipos se callan, se abrazan y piden Té…

Quién entiende??!!!

martes, 7 de diciembre de 2010

Las Tejas en polvo.

Juro que no lo conocía, era mi primera vez. Le llaman las Tejas…
Es un lugar rústico, mal oliente a ratos, pero pintoresco. Es como la versión moderna de La Piojera, que por lo demás también los identifica el terremoto… Cuando entré, la música rancherística me impactó un poco la verdad, donde la mayoría del público eran “abuelitos”, ebrios y sonrientes. Cosa que cuando los miras, piensas que son felices y que no tienen nada que les pese a sus espaldas, como que viven una vida perfecta inmersos en el copete y la orina…
El asunto, es que quería destacar ese famoso y reconocido bebestible… - no soy entendido en lo que respecta a esa infusión- pero de que tiene algo misterioso y particular… lo tiene! Me compré un terremoto de medio litro, lo probé y ya con el primer sorbo sentí la dureza y agresividad de aquella pócima. Mezclé rápidamente el helado de piña para que pasara más piola y logré terminármelo. Fue tremendo, con un solo vaso quedé totalmente ebrio, jamás me había pasado algo similar…
… Luego, dentro de mis capacidades, se me ocurre mirar a mi alrededor y el panorama no cambiada mucho. Veía conductas que no las había visto nunca de mis compañeros (futuros kine-ebrios), risas que sobrepasaban de lo permitido, conversaciones que se excedían de mi pudor permitido, por lo que más tarde, a medida que pasaba la hora empezaron a sacar sus celulares con sus cámaras futuristas integradas… y comenzó la orgía de fotos grupales, duetos, solitarios, etc…
Después de todo, de haberlo visto todo, de haberlo oído todo, de haberlo reído todo, quedé pensando la brutalidad del licor que nos vendieron, fue macabro, me gustaría saber que sustancia X le agregan. Para así transformarlo en una pequeña “happy pill” y metérmela a la boca, ponerme en mode off un rato y olvidarme de tanta bazofia circulante.

Que Dios nos pille confesados al momento de ir a las Tejas…

jueves, 2 de diciembre de 2010

La espera nosotros 3.

Ayer, como a la hora del té, me quedé de juntar con una amiga en el Emporio La Rosa (the real Emporio) ese que está en el Parque Forestal. El día estaba algo primaveral, aunque no se qué pasa con este clima, se supone que a esta fecha el sol ya debería estar dominando con su cálida radiación graaaan parte del día, pero no sé, no sé qué pasa… ya como a las seis – sunset- y algo empezó a correr un chiflón heladísimo, que por algún momento maldije la ausencia de mi polerón plomo carretero...
… bueno, siguiendo con mi experiencia en el Emporio. La cosa es que llegamos, para variar estaba llenísimo para poder pedir, aunque afuera en la terraza había espacio hasta para elegir lugar. La cosa es que fui a caja pedí mi helado de Té verde con mango y chocolate araucano, mi amiga recuerdo chocolate araucano y el otro no me acuerdo… - Crap! Mi Alzheimer me avisa cada día que viene en camino, aunque le hecho la culpa a mi déficit atencional- Ya esperando ahí en frente de la niña que prepara los helados (algo colapsada, parecía pulpo la pobre) para decirle lo que quería me doy cuenta que tengo el número 78 y recién el conteo iba en el 62… filo pensé que esta espera iba a ser eterna, pero no, resultó ser lo más choro y entrete… Me paré afuera, entre la entrada y hacia la calle – como en la aduana- , brazos cruzados, miro a mi alrededor, sin exagerar 99% gente entre 25-35 años no más, mas hombres que mujeres. Me aburro de mi lugar aduanero, a eso le sumo un poco de calor la verdad y me voy hacia el rincón del local, quedando justo en frente del cajero – y me paro al lado de un ventilador-en eso me encuentro face to face con una pareja de chiquillas, abrazadas y sobajeándose bien acarameladas (con algo de pudor y conductas algo sutiles acordes a la situación) a veces interrumpían los abrazos y se besaban. Admito que me dio un poco de envidia, que espera más placentera!!!, de pasar de una latosa situación (como yo) mueeeeerto de calor a eso súmale la horda de gente, los garzones entrando y saliendo y yo ahí haciéndoles el quite… y ellas!!! encerradas en su burbuja erótica, a ojos cerrados, sus lenguas como si fuera la única parte del cuerpo que en esos momentos funcionaba… Fue ahí donde me dio la sensación que no había nadie más en el Emporio que solo ellas dos… y yo parado al lado de la maquinita tirando viento…
… Por un momento pensé en llamarte e imitar esa conducta.
                                   … 78, genial!!!